comunicación e información de la mujer
semana del 15 al 21 de mayo del 2001

  • MUJERES SOMOS

  • Agua de Mayo

    Dunia Rodríguez. Las nubes desgajan el cielo. Negro, a lo lejos advierten una lluvia distinta. Ya no llueve como antes, dice mi abuela, como en sus tiempos, aunque la lluvia siempre será sólo eso, a veces premonitoria de simples aguaceros.

    Quizá la lluvia, como tantas otras cosas, ya no las hacen como antes. Así cuenta cuando me mira y pone en la profundidad de sus ojos grises los torrenciales de ayer. Ahí los guarda, bajo la nube alborotada de su melena que sale de a poco, como pequeños ríos, del manto luido del rebozo.

    Me acuerdo --dice-- que era la temporada de aguas cuando sentadas en el parque vimos que regresó el panameño. Aquel hombre moreno, hermoso, de cuerpo suave. Volvió de Guadalajara donde lo mandaron, desde su país, a estudiar para dentista.

    Cada año era lo mismo, en las mismas fechas, en las mismas lluvias. Pero, verás, ya no llueve igual que antes. Tal vez los tiempos cambiaron ¿no crees?, reflexiona tomando un mazo de mis cabellos para peinarlos, acariciándolos, mientras su mirada se pierde con los suspiros que apenas apaga el ruido de los truenos que vienen de por San Ignacio, donde hace rato, reventaron las nubes.

    Ahora ya somos viejas, pero cada mayo, esperábamos al extranjero en la misma banca del parque. Lo esperábamos como agua de mayo, porque entonces era la época de calor más fuerte y la primera lluvia venía a nuestro socorro. Las viejas de entonces decían, que era agua tan buena que hasta servía para rejuvenecer.

    Nomás aguaceros y aguaceros, pero el tiempo no perdona, les cayó a ellas como a nosotras. Nos hizo su vivo retrato.

    -- ¿Y el panameño, abue? pregunté cuando ella todavía se encontraba navegando, quién sabe en qué nube de sus recuerdos. Los ojos clavados en el cielo, que dice, ya tampoco es como antes.

    Porque era azul, brillante y claro. Así eran los domingos en que regresaba el panameño. Me acuerdo que siempre volvía en domingo y el mediodía de pronto se pintaba de nubes de agua, grises y gordas, el viento refrescaba y todas corríamos al portal para verlo cruzar la plaza.

    Más después cuando crecimos, las lluvias cambiaron de fecha o no sé, creo que empecé a olvidarme del primer domingo y de la primera lluvia, o creo que la vida cambió mis rumbos, o a lo mejor aquél se hizo dentista y se volvió a su país a mojar sus tierras.

    * Coordinadora de Prensa de CIMAC

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