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V Aniversario Red Nacional de Periodistas
Hablan los Medios
Informar representa una función esencial en el proceso de la deliberación pública, este principio elemental sin embargo, se ve sometido a una serie de condiciones para su realización que hay que examinar, en una sociedad con una creciente evolución tecnológica y el poder sin límites del mercado.
La práctica periodística se ve impulsada por la urgencia de la producción diaria, la aceleración de la técnica. También crecen las posibilidades de investigar y de replantear el compromiso informativo, sin embargo pareciera que prevalece la lógica del espectáculo, la imitación del modelo publicitario, lo novedoso, la acción, el privilegiar la captación emotiva del público como recursos.
Junto a esto operan como determinantes de la información en las sociedades contemporáneas, factores como la presencia de los grandes consorcios que manejan la información a nivel mundial, el avance tecnológico que ha transformado las formas de recoger y de recibir la información y la competencia comercial entre las empresas que se dedican a la producción y suministro de noticias.
Potencialmente el hombre dispone de numerosos medios para informarse. La radio, la prensa y la televisión parecen estar al alcance de todos para proponer su enfoque complementario de la realidad. Sin embargo, la información tiene un acceso desigual, la prensa no aumenta su número de lectores, mientras la radio y la televisión han adquirido en el caso mexicano un papel preponderante dentro de las formas de informarse, representan (antes de la Era de la Internet) el acceso más rápido e inmediato a la información a lo largo del día.
Respecto a la prensa, si bien su número de lectores no crece, ha adquirido un perfil diferente en las últimas dos décadas, se han multiplicado las ofertas y los márgenes de libertad, también la especialización es uno de sus elementos que tienden a su adaptación a un mercado donde ya los medios escritos no son los primeros en dar la noticia, de manera que parece obligada a asumir una función a partir de un periodismo de investigación, de reflexión y análisis y con responsabilidad hacia sus lectores; esta no es una condición general, pero permite plantearse que su futuro estará en esa capacidad de abrir espacios y ganar autonomía ante los controles. El problema de la prensa es la escasez de lectores, atribuible a la temprana edad en que se empieza la relación con el televisor, al analfabetismo funcional, a la falta de calidad en los medios impresos y la falta de capacidad adquisitiva. Los lectores son pocos, no sucede así con aquellas publicaciones que destacan la nota roja, el deporte y el espectáculo y que se venden bien.
Los noticiarios de la radio adoptaron un nuevo papel en los últimos años, después de 1985 y 1988, debieron adaptarse a una sociedad que planteaba la necesidad de una apertura informativa hacia el comentario y el análisis junto al amplio volumen de información. La radio logró reaccionar de manera inmediata, colocarse a la vanguardia y situarse de la mano de la sociedad. Numerosas estaciones tuvieron que incluir los espacios para el auditorio, los teléfonos abiertos, las llamadas de los radioescuchas ya no sólo pidiendo información, sino externando sus opiniones. Igualmente, respondieron ante el avance de la pluralidad política abriendo espacios al debate y a las opiniones diversas.
La televisión se ha vuelto uno de los principales medios para informarse, debido al rápido desfile de informaciones acompañadas de imágenes a menudo emocionantes. El acto de informar se realiza atendiendo a un principio económico, el medio es escogido por comodidad y simplicidad, en la televisión para las grandes mayorías la información llega a través de la imagen. La visión de la realidad está sometida al filtro de presentación que prefiere frecuentemente la dimensión afectiva y emocional. Inmersa en este formato, la televisión mexicana ha variado poco en su tratamiento político, sin embargo sí muestra grandes modificaciones en el aspecto de competencia comercial que le ha llevado a explorar nuevos contenidos en la programación -dentro de los cuales se incluyen los espacios informativos- y merced al desarrollo tecnológico ha generado nuevos procesos de producción de imágenes. Gracias a su cobertura y al atractivo de la oferta de imágenes y de entretenimiento, la TV se ha convertido en la fuente de acceso de informaciones para grandes núcleos de la población.
La información como espectáculo
El contexto de cambio profundo registrado a partir de la década de 1980 con la mutación tecnológica sin precedentes del sector audiovisual, el proceso de mercantilización del producto informativo y la sujeción de lo político a los métodos del marketing señalan las direcciones que debemos analizar.
En la competencia comercial, cierto tipo de informaciones han alcanzado un lugar privilegiado, sirven para vender ejemplares o elevar el rating. Es el caso de la información policiaca, este no es un fenómeno reciente, la existencia de la nota roja se remonta a los inicios de la prensa impresa y desde hace años han existido diarios y semanarios que la venden como su información principal, lo relevante ha sido su presencia central en la actualidad en la televisión. Junto a la nueva oferta, los denominados reality shows o talk shows, como la presencia cotidiana, la temática de las "tragedias" personales, lo privado convertido en espectáculo público bajo la idea que el aparecer en la pantalla valida el testimonio como verdadero. Con el argumento de que se da al público lo que éste pide, todo vale en la búsqueda por asegurar la audiencia, el rating como prioridad, el asegurar el volumen publicitario, el financiamiento como objetivo cuyas consecuencias se observan en el conjunto de la programación, como prueba de la preferencia por ciertas emisiones.
Bajo este contexto, la información pierde su finalidad de interés general y entra en la lógica del espectáculo, con las mismas reglas del resto de la programación: se traduce en formas de presentar las noticias, en modelos narrativos, en presentadores. La información se dramatiza explotando la imagen y su potencialidad emocional; a veces los títulos y las notas son reemplazadas simplemente por la imagen del día, que produce conmoción y apela a la emoción directa, con la premisa de que "en cualquier momento puede ocurrir algo inesperado" y en esos términos cada empresa televisora lleva al máximo su afán de emulación en medio de la competencia.
Las prácticas periodísticas han llegado a ser centrales en el espacio público y definen en buena parte las modalidades de acceso al conocimiento de sucesos; se les juzga según su credibilidad. Atrapados en la mercantilización consideran el lector o el telespectador como cliente y lo convierten en blanco de la interpelación. Retener la atención del público parece el nuevo código profesional. A los títulos exhibicionistas se suman las entonaciones grandilocuentes. La dramatización de los acontecimientos se acompaña de técnicas narrativas tomadas de géneros diferentes a los géneros periodísticos, inspiradas en los argumentos e intrigas de los folletines, la noticia presentada como un episodio por entregas, la curiosidad reanimada cada día. La acción como forma de visibilidad de la realidad. La novela de entregas que atribuye roles de buenos y malos, tan presentes en el caso Trevi, de Salgado Macedonio o con Samuel del Villar y la simplificación.
En vivo y en directo: la inmediatez
El avance tecnológico transforma las prácticas de recoger la información, hasta el punto que el análisis y la verificación de las fuentes se hace difícil de respetar, dada la inmediatez y la presión por ganar la nota en un esquema de competencia. La imagen en directo es reclamada por las empresas televisivas, como lo son para la radio los reporteros, el micrófono y la grabación que permite reproducir sonidos ambiente y declaraciones exclusivas al momento en que se producen, "antes que nadie". Este parece ser el lema dentro de la competencia comercial, explica la aparición de nuevos canales de información en transmisión continua y de éxito, el caso más mencionado en las épocas recientes es el de la CNN de Ted Turner, la difusión de la información y el flujo continuo, como un modelo de información permanente a lo largo del día, bajo el criterio de registrar la noticia al momento en que se produce y suministrar el servicio de imágenes a nivel mundial. En la era de la globalización, la concentración en medios de difusión y en el suministro informativo son una característica con la que se tiene que coexistir.
La abundancia de imágenes, resultado de progresos tecnológicos aún recientes, ofrece nuevas posibilidades para producir imágenes y recibirlas. Las cámaras portátiles y livianas dan mayor autonomía al periodista para registrar las imágenes, los satélites permiten la transmisión inmediata a cualquier parte. La información ya no es tributaria de las limitaciones técnicas anteriores, sino que ahora empieza una época con múltiples potencialidades ofrecidas a las diversas categorías de actores. A ésta nueva Era corresponde una redefinición en las prácticas de los informadores.
Si el registro de la imagen aporta el elemento destacable y su difusión inmediata, desde los asesinatos de Kennedy y de Luther King, desde el lugar mismo de la acción, hasta llegar al caso Colosio, con imágenes repetidas una y otra vez en la pantalla; la reconstrucción de las imágenes cuando no se tienen, constituyen otro elemento más de las imágenes virtuales, si no existía un registro filmado de la muerte del subsecretario Ramos Tercero, la reconstrucción virtual ocupó su lugar en los principales informativos del día.
El predominio de la imagen
La imagen es reclamada, se la mira y pocas veces se le analiza críticamente.
Una considerable parte de la sociedad se informa mirando los noticiarios televisivos y para una buena parte de esos espectadores, la imagen es garantía de verdad.
La presencia de imágenes más o menos abundantes resulta el criterio para juzgar la calidad del sistema de información, el cambio tecnológico tiende a fijar la necesidad de imágenes que tiene la población, difundidas en directo, las imágenes llegan a formar parte del tiempo de la vivencia de quien las recibe. El espectador tiene a su alcance lo presencial, está ahí al momento en que el suceso se produce, la tecnología le da la posibilidad de presenciarlo, de testificarlo.
Gracias a la existencia de las imágenes grabadas, una nota adquiere una relevancia que probablemente no tendría sin ellas, vale recordar el vídeo recientemente proyectado de "policías y ladrones", que convirtió un asunto en tema de interés para todos los medios y puso la discusión pública sobre las condiciones de trabajo de los policías, no hubiera tenido la misma relevancia sin la imagen, probablemente no hubiese llegado siquiera a aparecer en las informaciones televisadas y hubiera ocupado un lugar secundario en otros medios.
La emisión en directo y en continuo establece el predominio de la información y una realidad reducida a lo espectacular. La imagen del día que inicia la presentación del noticiero. Poco importan las causas, la información no se detiene a considerarlas. Si por una parte es explicable la fascinación que la imagen ejerce y cómo atrae al espectador, en estas nuevas fórmulas de producir información en directo, el creciente descrédito de los medios ante la opinión pública nos obliga a reflexionar sobre los límites de dicha forma.
Otro rasgo es el gran número de informaciones que generalmente no guardan relación entre sí y que se suman a la gran oferta de imágenes presentadas bajo el predominio de la emoción y bajo el criterio de que es verdadero porque está registrado, porque aparece en la pantalla.
Los riesgos de falsificar la imagen deberían de incitar más a la distancia crítica hacia ella. Esta actitud de prudencia constituye un imperativo muy fuerte, sobre todo por la naturaleza sensorial de la imagen. Es el caso de imágenes puestas en escena, la escenificación como forma de narrar y presentar noticias. Por ejemplo la filmación de un delincuente en TV Azteca y la revelación de que esto había sido preparado para presentarse como real.
Ante el carácter comercial y la competencia La sociedad como contrapeso
Las prácticas informativas pueden favorecerse si se les pone en la perspectiva de la exigencia ciudadana. En las nuevas condiciones que plantean una apertura a procesos democráticos, los lectores y las audiencias adquieren un nuevo papel y reclaman su acceso al espacio público y a participar en las decisiones, un acto que expone esto es el voto, el considerar que es una forma de expresión que manifiesta un deseo de cambio o un rechazo, al estilo referéndum.
Ciertamente falta adecuar el marco jurídico a las nuevas condiciones. Hoy es aun más necesario contar con normas claras que garanticen, no sólo el derecho a informarse, sino los canales de acceso a la expresión; la actividad informativa no puede ser una actividad exclusiva del Estado, pero tampoco una actividad donde los particulares tengan el dominio absoluto, no puede estar sujeta a que propietarios y concesionarios de los medios decidan cuándo, a quienes y en qué condiciones permiten el acceso a la información.
La reglamentación deberá tender a garantizar el derecho social a informarse, el derecho de réplica y garantizar por encima de derechos corporativos, que la sociedad exprese sus puntos de vista y defienda sus intereses. La legislación debe tender a compensar mediante sus preceptos el desequilibrio informativo, la supresión de los efectos negativos de la concentración. La democracia también tendrá que pasar por los medios y esto supone condiciones de pluralidad, tolerancia y un marco legal que proporcione transparencia al quehacer informativo.
Actualmente, el acceso al público está limitado a una ilusión de participación, con encuestas, con constantes solicitudes para que opine y llame o para que vía telefónica o a través de Internet emita un sí, un no o no sabe, una respuesta limitada, a veces acorde a los términos en que las propias preguntas dirigen la respuesta.
El sondeo reconocido como una forma de propaganda eficaz llega a ser un arma empleada sistemáticamente en la competencia en los medios. La lógica mercantil impone una modalidad de lectura del mundo, que se presenta como verdad -puesto que se sustenta en cifras-. Esta práctica legitimada como participación y que define las reglas del debate público.
La posibilidad de informar ampliamente al público es más real hoy dadas las facilidades tecnológicas y la apertura del espacio público, por otra parte, la información es una cuestión de poder y el interés por controlar la visibilidad informativa en la sociedad contemporánea.
Mejor comprendida en sus determinantes económicas, las nuevas prácticas periodísticas conciernen a la regulación democrática de la sociedad en momentos en que el flujo informativo ocupa un lugar notable. Habrá que decidir entre la aceptación de una información fundada en la ilusión y una posición en que la información muestre el corazón del proceso social y las relaciones de fuerza de los diferentes actores. Las nuevas formas periodísticas deberán colocarse ante la mirada crítica del ciudadano, la recepción activa de la información que constituye la fuerza contraria necesaria.
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